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Publicado por Colegio Cedros Norte Oct 3, 2018 11:03:04 PM

Límites en la educación: errores y consecuencias

Muchos padres piensan que poner límites frecuentes los ayuda a educar y controlar mejor a sus hijos, y que, si él no hace caso, se debe a que el niño es más desobediente o latoso que los demás; pero esto no necesariamente es así. El error está en que, más que poner límites, muchas veces se propician actitudes confusas o negativas, por lo que no queda claro cuáles son los límites, ni se especifica lo que se espera de ellos.

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Los 3 errores típicos que realizamos al intentar poner límites son los siguientes:

  1. Laxitud: cuando hay una falta de firmeza en lo que le dices a tu hijo. Se da de dos maneras:
    • Al externar un deseo al aire, sin decirlo directamente: por ejemplo, cuando le dices a tu hijo que te encantaría que se quedara sentado mientras come; el problema es que él podría pensar “claro que a mi mama le gustaría que me quedara sentado, pero a mí no”.
    • Al ignorar lo que está haciendo tu hijo: cuando lo ignoras, aprovecha para actuar de manera diferente en lugares concurridos y lucirse. De este modo se genera en él una doble moral, que depende de si es observado o no.
  2. Boicot a ti mismo: cuando intentas convencer a tu hijo de cosas que al final no sirven, e incluso terminan perjudicándote a la hora de dar una orden. Se da en tres situaciones:
    • Repetir y/o insistir: cuando repites una misma orden muchas veces, tu hijo comenzará a ignorarlas, ya que no ven una acción detrás de las palabras.
    • Sermonear: cuando le intentas dar un sermón a tu hijo, pero se hace de manera exagerada, termina siendo inútil, ya que pierde el interés, deja de escuchar y solo piensa en cuándo terminará la plática para poder irse.
    • Negociar: cuando exentas un regaño o una orden, le enseñas a tu hijo a no cumplir las reglas, y en un futuro comenzará a romperlas constantemente, ya que no verá una consecuencia.
  3. Control: cuando usas normas para controlar a tu hijo, pero resultan ser muy agresivas, causando muchos más problemas. Se da en cinco situaciones:
    • Atemorizar: presionar por medio del miedo generará que tu hijo sienta amenazado su cariño, sintiéndose impotente, y en el peor de los casos podría volverse cínico al desinteresarse por lo que los adultos piensen.
    • Culpabilizar: si utilizas la culpa como forma de control, tu hijo se sentirá mal y no sabrá qué debe hacer, se confundirá entre ocuparse de él, o hacer algo con respecto al sentimiento de sus padres. Al final se volverá insensible y cargará con remordimiento.
    • Avergonzar: poner en ridículo a tu hijo podrá causarle un dolor muy profundo, ya que criticas su esencia, además sentirá enojo al no sentirse aceptado.
    • Rechazar: al no aceptarlo por quien es, porque tiene algo que no te gusta muchas veces es inconsciente, y se manifiesta en acciones o gestos desalentadores. Esto termina causando golpes a su autoestima.
    • Ultimátum: hacer promesas falsas o actuar como si las situaciones ya estuvieran decididas. No debes ofrecerle algo que no puedes cumplir, ya que se puede dar como impresión de inconsistencia, que comienza atemorizando a tu hijo, pero después te descalificará.

Para evitar estos errores, siempre considera tres factores para que un límite sea claro y consiga su cometido:

a. Lugar: El lugar en el que se está realizando la orden o definiendo el límite tiene que ser tranquilo, sin ruido, sin peleas.

b. Horario: La orden o el límite se deben realizar en un horario óptimo, debe ser uno cuando tu hijo esté tranquilo, y pueda poner atención.

c. Trato: Procura que haya un trato amable, evitando situaciones en las que tu hijo no quiera escucharte, no te quiera contestar, o esté tratando de ignorarte.

Finalmente te dejamos con estos diez pasos con los cuales podrás aplicar un límite claro a tu hijo.

  1. Pide lo que se necesita de buena manera: algo reciente, esporádico, o cadenas de hábitos previamente explicadas y acordadas.
  2. Ve cuándo hay una necesidad de límites: si algo no se está siguiendo según lo establecido, o según lo pedido recientemente.
  3. Toma conciencia de cuál es la falta: reflexiona lo que sucede y diseña opciones y/o consecuencias.
  4. Haz una descripción breve de lo que está pasando.
  5. Plantea estas opciones relacionadas con el asunto en cuestión:
    1. Hacer lo que se espera
    2. Moverse en tiempo, lugar o trato, de modo que su actividad o actitud deje de interferir.
  6. Confiar/delegar responsabilidad: decirle “tú decides”, “lo que tú prefieras”, etc.
  7. Tu hijo, con lo que hace, demuestra lo que ha elegido: no repitas las cosas, ni las digas de otro modo, sólo observa y respeta lo que decidió.
  8. Haz consciente un lapso para verificar si su actitud muestra lo que ha decidido hacer: es importante dar un tiempo justo, ya que adelantar el peso de la consecuencia puede denotar ganas de poder y generar revanchas.
    1. Si elige dócilmente el “mejor” camino, conviene estimular su proceder.
    2. Cuando elige “sin saber” que caerá la consecuencia, puede acostumbrarse a tomar malas decisiones.
  9. Si elige la opción (b) dile con calma y respeto una frase que lo haga darse cuenta de que se llevará a cabo lo decidido a manera de consecuencia.
  10. Brinda la oportunidad de que luego lo vuelva a intentar, para recuperar el privilegio perdido. Hay que abrir la esperanza de una nueva oportunidad, esto favorece la docilidad de aceptar lo inapelable de la consecuencia, y además enseña poco a poco a tomar buenas decisiones.

Procura siempre aplicar el castigo cuando se presenta la mala acción; pero modifica la duración de ese castigo, cuando tu hijo reincide en ese comportamiento. Recuerda que las consecuencias lógicas pueden ser pérdidas graduales de privilegios.

 

Categorías: Consejos para padres, Colegio Cedros Norte

Escrito por Colegio Cedros Norte